A veces personas que no tienen nada que ver con nosotros, hacen o dicen cosas que pueden calar en nuestros pensamientos. Recientemente- muy recientemente- conocí a alguien que me preguntó por qué las mujeres siempre están buscando enamorarse.
La pregunta específica de ese alguien, extranjero y del género masculino, fue “¿por qué las mujeres dominicanas siempre están buscando enamorarse?”. No fue una cuestión que tuviera gran desarrollo en nuestra breve conversación, pero estoy segura de que a ese alguien le sorprendería bastante llegar a leer este post inspirado en ese brevísimo instante.
Pues sí, me quedé con la pregunta en la mente. ¡Es verdad! ¡Por qué rayos las mujeres (dominicanas, no puedo hablar de otras), siempre estamos buscando enamorarnos! Y entonces comienzo a incluirme en el análisis.
De su geográficamente específica pregunta, me atreví a deducir que en otras latitudes las mujeres han evolucionado hacia un patrón sentimental diferente. El de asumir relaciones sin compromisos, sin pretender que sean duraderas, ni romantiquísimas, ni desgarradoras, ni significantes en lo absoluto.
Un patrón que ya he advertido sobretodo en ciertos hombres, extranjeros también, como uno que me dijo una vez que nunca inicia una relación con la idea de que pueda llegar a ser duradera. Pero lo que en realidad piensen o no los hombres es otro asunto.
Desde mi punto de vista y contexto cultural, es obvio que aquel desdén me pareció poco romántico y “desilusionante”. Para mí y para muchas de mis amigas, la idea del posible “para siempre” es la única idea persistente desde que conocemos a alguien. Y no estoy hablando de alguien con quien salgamos, sino a alguien, cualquiera, que acabemos de conocer.
Siempre producimos una película mental de lo que podría ser y no ser. De los pros y los contras, de si “pegaríamos” o no, de si vale la pena, etc, etc, etc… Todo, desde el primer “hola” o desde el primer “quieres bailar”. ¡Y atrévase una de ustedes a decir que no es así!
Por eso siempre que una mujer está soltera y se arma un “coro”, esa noche puede ser “la noche”, la de conocer al “para siempre”, y se pone la pinta del siglo. Y siempre que eso no pasa, se desinflan las emociones, se convierte en un “desperdicio” de un look sobrecargado de “buenamosura” para que nadie lo aprecie.
Mi conclusión es que de ambas cosas hay que coger y dejar. Las mujeres somos románticas por naturaleza e instinto y, aunque lo intentemos, aunque pretendamos salir y conocer a alguien sin ninguna expectativa, nunca lo lograremos del todo, pero nos puede ayudar a ser más felices cuando las cosas se dan sin estarlas esperando. Ser más prácticas y querer simplemente estar con alguien por puro gusto y sin juzgar, también puede ser enriquecedor.
Pero por otro lado, a veces aquellos que viven siempre en el “laissez-faire”, como abanderados de la modernidad, suelen tener una coraza que los protege, con más miedo que vergüenza, del posible fracaso emocional.
Yo definitivamente soy más idealista que práctica, pero confieso que después de plantearme la pregunta que titula este post, me puedo atrever a considerar, de vez en cuando y dependiendo las circunstancias, el dejarme llevar.
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