A quienes no conocen la bíblica historia de las mujeres a las cuales me voy a referir, les pido disculpas, pues es muy probable que no lleguen a entender el trasfondo de este post.
El caso es que, mientras a Ester le toca casarse con el "papaupa" del pueblo enemigo y ser reina de Persia, a Judit le toca nada más y nada menos que cortarle la cabeza al pagano. ¿Y por qué a una sí y a otra no? Sabrá Dios. A Ester se lo dice Mardoqueo, su tutor, "Quién sabe si para un tiempo como éste has llegado a ser reina" (Est 4,14); es decir, que ella había llegado a estar en esa posición, no por su belleza o encanto, sino para que en determinado momento le tocara defender al pueblo de Israel, al cual pertenecía.
Sin embargo, Judit, no se gana el favor de Holofernes para cambiar su decisión con sus atributos, sino que más bien lo engatuza hasta encontrar el momento oportuno para acabar con su vida y evitar así que destruyera al pueblo.
Ambas son mujeres importantes en la historia bíblica, pero ambas tienen dos desenlaces muy diferentes. Hay que ver una cosa, que recalca Judit al final de su historia, cuando dice: "no cometió conmigo ningún pecado que me deshonrara" (Jdt 13, 16). Tanto Ester, como Judit, saben que en el momento decisivo, invocar a Dios era lo más importante, por encima de sus miedos y confusiones. Y así lo hicieron. Y no sólo eso, también fueron fieles a las enseñanzas con las que habían crecido, sin permitir que las costumbres de tales pueblos mancharan su honor.
Si me tocará a mí mostrarle a Dios al pagano o simplemente cortarle la cabeza, aún no lo sé. Bien es cierto que es mejor encontrarlo en tu propia parentela, pero también es cierto que en esta "viña del Señor" se juntan blancos y cimarrones, porque hay de todo, y casarse con un "cristiano" no es garantía.
Sin embargo, tanto de una cosa como de la otra se aprende y, en este caso, las moralejas son dos. Primero que, como ya bien he aprendido, el discernimiento y los demás dones se piden con verdaderas ganas de recibirlos, y no esperando responderse a uno mismo cuando se sabe que hay una respuesta que es de Dios. Y segundo, que ante todo hay que defender la fe y poner la luz sobre el candelero. Cuando las cosas se iluminan, las sombras se alejan, al que no le cuadre el hecho de que yo sea cristiana, bien puede devolverse por donde vino.
Al final, "todo pasa, hasta la ciruela pasa" y sólo Dios sabe "si para un tiempo determindado te ha puesto Dios ante tal situación". Cuando el asunto todavía está confuso, lo importante es mantenerse firme en defender a Dios y rezar para sustentar esa firmeza. Que lo que ha de ser será y lo que no, se esfumará.
"El que tenga oídos para oir, que oiga".
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