La reciente crisis de historias filmográficas sobrepasa las fronteras de países que, como el nuestro, están “en vías del desarrollo” y ataca los grandes imperios del cine. En un artículo publicado en la más reciente edición de Lecturas del Domingo (el nuevo suplemento dominical del Listín Diario), se hablaba de una verdad que no es noticia: hacen falta guionistas.
El reciente boom del cine dominicano se desarrolla a pasos acelerados pero con un notable déficit de guionistas que las convierten en historias “improvisadas y deficientes” a los ojos de los críticos internacionales.
En mi opinión, el asunto es perdonable, considerando que nos estamos iniciando en este negocio; pero es al mismo tiempo reprochable dado el background ya existente que podría ser aprovechado por quienes pretenden hacerse de un nombre en esta área.
No obstante, creo que este mal no es una fiebre nuestra, pues si miramos las últimas y más taquilleras producciones hollywoodenses, la mayoría se basan en historias ya contadas. Que si el remake de no sé cual, la película del libro tal, la cuarta parte de aquella secuela, la película de tal historieta o tal videojuego... y así se pinta el panorama, nada que no se haya inventado, ¿qué está pasando con las mentes brillantes del cine?
Quien tenga la respuesta que me avise. Lo que sí ronda en mi cabeza es la posibilidad de que esta recesión se deba a una causa mucho más allá de la simple vagancia mental. No es un misterio que la popularidad de los cines es cada vez menor, dado lo cara que está la entrada + palomitas, chocolates y demás, lo fácil que es bajar las películas o alquilarlas y disfrutarlas con un grupo más extenso de amigos en la comodidad del hogar, y por supuesto, la aterrante posibilidad de gastar “tu cuarto$$” por ver un “clavo”.
Entonces mejor es ir a lo seguro, a alguna historia que ya conoces, sabes que te gusta y de la que sólo quieres apreciar la magia de sus efectos especiales. Un asunto de rentabilidad para los directores y productores, que también pueden estar considerando el hecho de que mientras menos personas meten mano en su “éxito taquillero” hay más para repartir entre menos. Un asunto de cálculo. Esperemos entonces que la literatura nunca muera para que con ella no muera el cine, sobre todo cuando el internet, los videojuegos y la televisión roban el tiempo de las futuras generaciones.
2 Comparte tu realidad:
100% de acuerdo contigo. Aunque se debe tomar en cuenta que si bien es cierto que la actual generación tiene todas las herramientas para sacar diamante de lo que es carbón, no menos cierto es que muchos de sus miembros prefieren esperar a que un voluntario de el primer picazo. Te digo esto porque pensando en un Aménabar (Tesis (1996), The Other (2001), Alejandro González Iñárritu (Amores perros (2000), Babel (2006)) o un Guillermo del Toro (El Laberinto del Fauno (2006), el Espinazo del Diablo, 2001), hay más de una historia que contar en el ambiente, sólo hay que esmerarse un poco. El receso craneal siempre ha existido, pero siento que ahora se nota un poco más.
En cuanto al cine norteamericano, toda la vida se ha mantenido así, lo que sucede es que a nosotros casi no nos llegaban propuestas de otras latitudes (amén de los "espaguetis wester", las vaqueradas que se hacian en Italia o las películas de artes marciales de tercera, tan disfrutadas en los matinés de las 3 o las 4 de la tarde los domingos).
Como te dije, estoy 100% de acuerdo en tus observaciones, pero me enoja al saber que en 1988 Agliberto haya hecho la tan laureada producción "Un pasaje de ida", y casi 20 años después nos conformemos diciendo que nuestros cine aún está en pañales.
Cuándo pretende hacerse adulto?
Amiga, pero hace tiempo que tú no cicinas. ¿Cuándo vuelves a preguntar "Como se prepara"?
Bendiciones pa' ti!
Ely
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