04 agosto 2009

Ayer conocí a un niño

Realmente no fue ayer pero así surgió este post en mi cabeza.

Ayer conocí a un niño. Tengo que ser honesta, realmente no lo conocí, su historia sólo se cruzó en mi camino.

Yo estaba delante en un carro público, Lincoln subiendo. El chofer se desvió para evitar el semáforo de Vimenca. Allí, cerca de la Unidad de Rehabilitación de la Universidad Católica de Santo Domingo, vi a un hombre de rasgos asiáticos que esperaba junto a quien parecía ser su hijo. De lejos, el niño llamaba poderosamente la atención. Su postura era peculiar, los brazos separados del cuerpo, la cabeza ladeada. De cerca, era escandaloso, estaba desfigurado.

De acuerdo a la seña, el auto se detuvo y ambos se montaron.
-¡Chino, has cogio lucha con tu hijo!- dijo el chofer.
El hombre respondió algo poco entendible, en un español mezclado y difícil de descifrar.
-El Chino ya tiene un año cogiendo pa’ca de Bonao a trae a su hijo, ya nosotros lo conocemos- prosiguió el chofer como si fueran amigos de confianza.-¿qué fue lo que le pasó Chino a tu hijo? Él sabía muy bien lo que le había pasado, pero quería que la gente lo entendiera y lo entendimos.

El Chino hizo un esfuerzo por contar. Su hijo jugaba en la azotea. De alguna manera el cable de alta tensión alcanzó su cuerpo. No recuerdo cuántos voltios. Lo calcinó. Se hizo un hoyo en el concreto. Que el niño sobreviviera es un milagro y nada más. Ninguna explicación científica podía justificar que hoy esté vivo.

Hace un año que pasó. Ya llevan varias operaciones. “Ha mejorado mucho”, dice el Chino. Pero para quienes lo veíamos por primera vez, la imagen nos hacía volver el rostro.

-“Llevo un año luchando, e difícil. Y él no quiele hace telapia. Solo hace un rato aquí y ya, con la enfelmera, pero en casa nada de telapia. Yo le digo que tiene que hacel si quiere mejoral. Yo sé que le duele, pero no silve de nada venil pala’ cá si él no hace telapia. Yo lo tlaigo siempre porque no puedo hacel más nada, pero él tiene que ayudal”.

El niño permanecía callado. En mi cabeza los pensamientos iban y venían. ¿Qué raro que fuera su padre y no su madre quien lo acompañaba? ¿Cómo habrá sido para esta familia? ¿Cómo han cambiado sus vidas para poder traer a este hijo todos los meses? ¿Cuánto dolor sentirá este niño? ¿Y cuánto dolor sentirá al verse en el espejo? ¿Seguirá yendo a la escuela, lo relajarán? ¿Qué querrá Dios con él? Porque nadie sobrevive a una descarga así, mucho menos un niño. ¿Qué será de él dentro de 10 años? ¿Cuál será el final de esta historia?

Entonces pensé en otra cosa que hace días rondaba por mi cabeza. Un post que estaba pendiente. Mi posición sobre el aborto.

Pensé en este niño que no buscaba lo que le pasó. Y en esta familia que no se imaginaba tanto sufrimiento. Pensé en como este hombre estaba donándose para ayudar a su hijo. Y en cómo ése hijo tiene dos posibilidades.

Está vivo para algo, eso lo tengo claro yo, pero tal vez no lo tiene claro él. Puede resignarse, echarse al olvido y estancarse de por vida. O bien, puede decidirse a intentar cambiar, a hacer lo que tiene que hacer. A por lo menos retribuir el esfuerzo que está haciendo su padre, con su propio esfuerzo. A estudiar y superarse. A verse algún día contándole a la gente cómo él una vez se quemó con un cable de alta tensión y quedó vivo.

Y esto qué tiene que ver con el aborto. Pues…no sé. Me pregunté ¿qué hubiera preferido este niño? Si morir quemado y que todo acabara allí o vivir con el rostro y el cuerpo mutilado. ¿Qué hubiera preferido su padre? Que muriera quemado que todo hubiera acabado allí o tener que verlo sufrir en esa condición, y gastar tiempo y dinero. ¿Qué hubiera preferido su madre? Que muriera y que todo acabara allí o seguir viendo a su hijo retorcerse del dolor por los jirones de su piel, sus tendones y sus músculos.

Para mí, el padre y la madre han escogido su respuesta. El niño no lo sé. Pero todo esto me dice una cosa.

¿Por qué defiendo yo la vida? No la defiendo porque lo diga el Cardenal, porque lo diga el Padre Catalino, porque yo sea católica o porque yo sea machista.

La defiendo porque yo soy testigo del amor de Dios. De que Dios es capaz de vencer la muerte. De devolver la alegría a partir de un acontecimiento que marca para siempre. De que Dios no es un ogro que ha dicho “no hagan esto” para que la gente viva cohibida por siempre. Porque soy testigo de que cuando Dios le da a alguien dos posibilidades a escoger: el hacer su voluntad o echarse a morir, quien hace su voluntad siempre sale recompensado.

Porque creo que un embarazo “no deseado” en determinado momento, no exime de la responsabilidad. Pero también porque creo que en caso de una violación, Dios también hace justicia.

En fin, yo defiendo la vida porque creo en el amor de Dios. Hay quienes no lo entienden, hay quienes no lo conocen, hay quienes no tienen esa certeza. Por eso no puedo juzgarlos. Pero ojalá algún día sí lo entiendan, y puedan tener la misma esperanza.

07 abril 2009

...Existe gente que nunca llego a conocer, pero que siempre estoy dispuesta a juzgar



"La Rubia" siempre esta en el baño de la primera planta. Siempre de mal humor. Siempre peleando.

-¿Y ella qué quiere que uno haga? Todo el que llega a esta hora a trabajar se termina de arreglar en el baño. Hay que soltarse el tubi y maquillarse un chin.

-Esa mujer ta' mal, porque ella puede ir limpiando con nosotras aquí o si no que limpie horita o que cierre el baño, pero que deje su peleadera tan temprano.

Antes de ella estaba "la otra", que me caía mejor. Pero ahora está "la Rubia", que no hay un día que llegue bien, y que tampoco es rubia sino "jabá".

Ése lunes "La Rubia" no estaba, había otra. El martes tampoco. El miércoles....tampoco. El jueves llegué más tarde, no entré al baño. En la noche, tenía comunidad:

-¿Supiste que mataron a una mujer de la plaza?,- me preguntó mi amiga y hermana de comunidad que trabaja en el primer piso.
-NO! ¿a quién?
-Yo no sé, no la conocía. Me dijeron que era una de las mujeres que limpia en la mañana.
-¡Ay, mi madre! ¿no será La Rubia? Hace mucho que no la veo.
-Debe ser ella porque me dijeron que era una rubia, medio pecosa.
-Ella misma. ¡Qué mal!....(silencio). ¿Y cómo que la mataron?
-Su esposo la golpeaba, hasta que LA MATÓ.

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Existe gente que nunca llego a conocer, pero que siempre estoy dispuesta a juzgar. La Rubia siempre estaba en el baño de la primera planta. Siempre de mal humor. Siempre peleando...

Su hombre siempre estaba de mal humor. Siempre le daba golpes. Siempre la maltrataba. Siempre peleando.

Yo suelo ir al baño de la primera planta. Muy rara vez estoy de mal humor. Muy rara vez estoy peleando. A mí nadie me golpea. A mí nadie me maltrata.

Con razón La Rubia estaba siempre de mal humor. ¿Quién no? Ya el hombre la mató. Nunca le pregunté su nombre. Nunca le pregunté porqué siempre estaba peleando. Nunca me detuve a pensar que su historia no era igual a la mía, y que hay gente que sufre y se hace fuerte.

Sí tuve tiempo de ver que era pecosa y que era jabá. Nada más. Existe gente que nunca llego a conocer, pero que siempre estoy dispuesta a juzgar.

(La historia es real, sucedió hace ya muchos meses. No me había dado tiempo para sentarme a escribirla. Hasta hoy.)

22 diciembre 2008

Cuando fue la última vez que...

Viste la carretera como si fuera una PELÍCULA. Hiciste CLOSE UP a los personajes. Viste sus caras. Su angustia o felicidad. Imaginaste sus VIDAS, y su papel en la TUYA. Escuchaste la BANDA SONORA y diste GRACIAS, por ser un PROTAGONISTA que va en un cómodo asiento y no un EXTRA, de los que están en la calle.

"Relájate. Disfruta. La vida es como un café que se degusta sorbo a sorbo".

María me persigue.

“Le dedico este blog a mi hermana Nazareth, quien con su blog ha inspirado este post, que inicia una etapa más sincera de un blog abandonado”. (También te copié la foto para estar más en sintonía jajajja)

El asunto es que María me persigue. Y no es un invento mío pero esa mujer se “la ha cogido conmigo”- como lo ha hecho Dios, que en este año ha sobrepasado su límite de bendiciones para una misma persona.

El Padre Alonso siempre hablaba de José de Egipto. Ése era su personaje favorito en toda catequesis. Pero resulta que este año se ha inspirado en otro José: de Nazareth, esposo de la Virgen María.

…Y habló de él en Sydney… y habló de él en la Convivencia de Transmisión para catequistas…y de nuevo en la Convivencia de Transmisión que me di por segunda vez… y en su libro (Tras las huellas de José) el cual estoy leyendo. Por supuesto, con la figura de María latente, pues es la figura principal.

Y pasó la segunda convivencia… y vinieron las lecturas de la semana a hablar de María… y llegó la eucaristía del sábado a hablar del anuncio del Ángel a María… y ¡ya no aguanté más! Tuve que pararme y dar el eco de la palabra, pues como dijo el padre “sería muy egoísta de mi parte si no comparto con mis hermanos lo que Dios me dice al corazón”:

¿Cómo tuvo María la fuerza de aceptar tener ese hijo que no sería resultado de su matrimonio? ¿Cómo se lo diría a José? Aunque José era lo de menos, si la quería botar pues la botaba y ya… Pero, ¿y el resto de la gente? Ese resto a quienes nos da más vergüenza afrontar; los que te señalan, se burlan y dicen, y tiran tu reputación por el suelo sin la más mínima consideración ¿cómo se lo explicaba a ellos? ¿Con qué garantía exponía su vida sin temor a que la apedrearan? ¿Con qué certeza sabía ella que este asunto venía de Dios y no era un engaño?

Y entonces lo supe, en parte por el libro y las catequesis, y en parte por lo que sentía en mi corazón. El Padre Alonso hablaba en Sydney sobre los dones del Espíritu Santo. Discernimiento y Fortaleza se convirtieron en mis favoritos de inmediato, eran los que me hacía falta en el momento.

El Espíritu Santo da sus dones sólo ha quien está en gracia y comunión con Dios, y a quien se los pide. María no era una tipa cualquiera. Dios la escogió porque la conocía, sabía lo que había en su corazón, porque ella se lo contaba y hablaba con él. Igual el esposo que había escogido. Ella era su “costilla” y ambos eran justos y temerosos de Dios. Por eso tenía discernimiento. (Tras las huellas de José)

Y entonces se le apareció el Ángel Miguel y le dijo: “Alégrate llena de gracia, el Señor es contigo”. Pues estaba llena de esa gracia que viene de estar en comunión. Y cuando ella quiso preguntar -“cómo sería esto”; -“porque para Dios nada es imposible”, el Ángel le respondió. (Lucas 1, 26-38)

Porque Dios responde si le preguntas. No se hace el loco como a veces queremos creer, para entonces hacer lo que nos da la gana. Pero hay que estar dispuesto a aceptar la respuesta para preguntar; hay que tener discernimiento para poder escuchar; hay que estar en gracia para tener discernimiento; y hay que creer que para Dios nada es imposible para estar en gracia.

En estos días, me ha sorprendido mucho como todo esto me ha rondado mucho por la mente, en diferentes momentos. Y tengo que admitir que me da un poco de temor imaginarme que Dios tenga un gran plan con mi vida.

Antes de ir a Sydney, pedí discernimiento para tomar una decisión referente a mi noviazgo y lo recibí. Con una respuesta clara. Sin titubeos. Pedí fortaleza para llevar a cabo tal decisión, y la recibí, sin echarme para atrás.

Pero ahora queda algo pendiente. Algo que me tiene muy ansiosa y que está muy claro en el panorama. Algo que requiere aún más fortaleza para afrontar a los demás, pero que no me inquieta como antes, sino que me da certeza. Pero ya se sabrá en el momento justo, “porque ante Dios, 1 día como mil años y mil años como un día” (2 Pe 3, 8), decía la palabra de la eucaristía de la primera Convivencia.

Porque “nada pasa por casualidad”, lo ha repetido también el padre Alonso mil veces en las catequesis antes mencionadas y me lo he creído. Y si eso que me ha inspirado Dios, pasa, entonces como María (en la lectura de hoy) tendré que cantar ese trozo del Magnificat que reza:

“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador…porque el poderoso ha hecho grandes cosas en mí, su nombre es Santo”. (Lucas 1, 46-55)

Ya veremos...

20 agosto 2008

Hoy tengo ganas de escribir

Bench at Crayton Park, NY (Dec.2007)

Hoy tengo ganas de escribir. De escribir sobre papel y lápiz. De volver a mis inicios. De pensar que el futuro sabe más a tranquilidad y menos a complicación. De seguir viajando. De olvidarme de la modernidad y tumbarme sobre la arena. De vivir en una isla que sea más isla, una que no aspire a ser continente, una menos pretenciosa. De que la brisa del mar me acaricie la nariz y el resplandor del sol tropical bloquee el horizonte de mi mirada. De vivir en un paraíso (Y Dios sabe que mi paraíso ha de tener playa… ya se lo he pedido).

Por eso nací aquí. En una insignificante isla del Caribe, hecha con el “el barro que Dios se sacudió de las manos”*, con lo que quedó; pero que tiene un peculiar aroma y sabor que también va sellado en el alma con los mismos restos de barro.

De repente me encuentro preguntándome por qué me gusta tanto viajar. Por qué añoro esos momentos de total desconexión con mi propia vida. Sydney tiene un poco la culpa. Ha sido un viaje que ha cambiado mi vida y mi mente como sólo Él y yo sabemos que lo ha hecho.

Es como si ya nada me preocupara. Como si el futuro, ése que siempre había imaginado para mí, no es más que un vago recuerdo, una quimera, un espejismo que ya no es un Oasis anhelado, sino algo que se va tejiendo según lo quiera el destino.

“Ahora es la universidad, pero luego será tu trabajo. Siempre habrá algo que te tenga viviendo con esa prisa”, me han dicho. Pues no es lo que quiero para mí. No quiero cambiar el contemplar los rostros a mi alrededor por una mente que se consume frente a una pantalla. Que divaga entre el acostarse y levantarse para rogar que el día traiga una experiencia más interesante que la del día anterior. Que sucumbe ante la queja que se acumula con la monotonía. Que olvida que en realidad vivimos para vivir, para sentir, para disfrutar. No para estar seguros de que no nos da el tiempo, peor, el dinero. Que cada segundo está cronometrado, tiene sus propios compromisos; ¡míralo, me ignora… ya se fue!

Hoy tengo ganas de decir lo que siento, y lo que no tengo ganas de sentir.

Hoy tengo ganas de saber si algún día sería capaz de partir. De enseñar aquello que he visto, que he aprendido, que me hace feliz.

Hoy tengo ganas de escribir, a mano, lo que tal vez nunca será comprendido.
***
*Según cuenta un midrash (leyenda judía), siendo Dios alfarero, cuando moldeaba al mundo con sus manos creó primero los continentes, moldeándolos a su antojo. Una vez terminó, le quedó barro en las manos. Entonces se sacudió el barro restante sobre las obras que había hecho, y así quedaron las islas plasmadas en la creación de la tierra. Por eso Républica Dominicana tiene por todos lados la huella de Dios, porque fue hecha con el barro que no quería desprenderse de sus manos.

24 octubre 2007

Relájate

"Relájate. Disfruta. La vida es un café caliente que se degusta sorbo a sorbo".- Yaneris Michel

Cuando fue la última vez que...

...que fuiste al salón de belleza y te tomaste tu tiempo. Nada de mediodía, ni siete de la mañana. Que respiraste el aroma del shampoo. Que cerraste los ojos, nada de revistas ni celular. Que sentiste las manos que mas que el cabello, masajeaban tu cerebro. Que saliste totalmente nueva. Que sentiste que podías conquistar el mundo con tan sólo voltear la cabeza y sonreír. ¿Cuándo fue la última vez? ¿No recuerdas?..... Relájate. Disfruta. "La vida se degusta sorbo a sorbo".