07 junio 2011

¿Por qué las mujeres siempre están buscando enamorarse?


A veces personas que no tienen nada que ver con nosotros, hacen o dicen cosas que pueden calar en nuestros pensamientos. Recientemente- muy recientemente- conocí a alguien que me preguntó por qué las mujeres siempre están buscando enamorarse.

La pregunta específica de ese alguien, extranjero y del género masculino, fue “¿por qué las mujeres dominicanas siempre están buscando enamorarse?”. No fue una cuestión que tuviera gran desarrollo en nuestra breve conversación, pero estoy segura de que a ese alguien le sorprendería bastante llegar a leer este post inspirado en ese brevísimo instante.

Pues sí, me quedé con la pregunta en la mente. ¡Es verdad! ¡Por qué rayos las mujeres (dominicanas, no puedo hablar de otras), siempre estamos buscando enamorarnos! Y entonces comienzo a incluirme en el análisis.
De su geográficamente específica pregunta, me atreví a deducir que en otras latitudes las mujeres han evolucionado hacia un patrón sentimental diferente. El de asumir relaciones sin compromisos, sin pretender que sean duraderas, ni romantiquísimas, ni desgarradoras, ni significantes en lo absoluto.

Un patrón que ya he advertido sobretodo en ciertos hombres, extranjeros también, como uno que me dijo una vez que nunca inicia una relación con la idea de que pueda llegar a ser duradera. Pero lo que en realidad piensen o no los hombres es otro asunto.

Desde mi punto de vista y contexto cultural, es obvio que aquel desdén me pareció poco romántico y “desilusionante”. Para mí y para muchas de mis amigas, la idea del posible “para siempre” es la única idea persistente desde que conocemos a alguien. Y no estoy hablando de alguien con quien salgamos, sino a alguien, cualquiera, que acabemos de conocer.

Siempre producimos una película mental de lo que podría ser y no ser. De los pros y los contras, de si “pegaríamos” o no, de si vale la pena, etc, etc, etc… Todo, desde el primer “hola” o desde el primer “quieres bailar”. ¡Y atrévase una de ustedes a decir que no es así!

Por eso siempre que una mujer está soltera y se arma un “coro”, esa noche puede ser “la noche”, la de conocer al “para siempre”, y se pone la pinta del siglo. Y siempre que eso no pasa, se desinflan las emociones, se convierte en un “desperdicio” de un look sobrecargado de “buenamosura” para que nadie lo aprecie.

Mi conclusión es que de ambas cosas hay que coger y dejar. Las mujeres somos románticas por naturaleza e instinto y, aunque lo intentemos, aunque pretendamos salir y conocer a alguien sin ninguna expectativa, nunca lo lograremos del todo, pero nos puede ayudar a ser más felices cuando las cosas se dan sin estarlas esperando. Ser más prácticas y querer simplemente estar con alguien por puro gusto y sin juzgar, también puede ser enriquecedor.

Pero por otro lado, a veces aquellos que viven siempre en el “laissez-faire”, como abanderados de la modernidad, suelen tener una coraza que los protege, con más miedo que vergüenza, del posible fracaso emocional.

Yo definitivamente soy más idealista que práctica, pero confieso que después de plantearme la pregunta que titula este post, me puedo atrever a considerar, de vez en cuando y dependiendo las circunstancias, el dejarme llevar.

17 marzo 2011

Blue Valentine


El miércoles vi Blue Valentine. En un principio, la película me dejó con sentimientos encontrados; no sabía si me había gustado o no. No había entendido el punto, ni cuál era realmente la idea central, ni el abrupto final.

Me había parecido una de esas películas donde pasa algo y no pasa nada al mismo tiempo. “Si la idea del director era que uno se quedara tratando de descifrar el punto de esta película, lo logró”- le comenté a un amigo. No pude evitar darle mente el resto de la noche y un poco más.

Yo les digo la verdad, mis conocimientos técnicos de cine son nulos. Lo mío es ver lo que se ve y lo que se plantea per se, nada de dirección de arte, realidades intrínsecas, relaciones de contexto, ni ninguna de esas cosas que los verdaderos críticos pueden notar.

Así que les contaré, a mi modo, cómo descubrí que la película parece mala pero es buena.

Mis motivaciones para verla: Ryan Gosling, Michelle Williams fue nominada a mejor actriz por este papel, Ryan Gosling, no había tenido chance de ir a Fine-Arts de Novocentro y Ryan Gosling.

Sí, me gusta Ryan, y de hecho, uno de mis errores fue tener aún grabada en mi mente su papel torturadormente romántico en The Notebook. Así que esperaba un poco de cliché.

Pero Blue Valentine, tenía más bien características de cine independiente: imagen no tan nítida, leve musicalización, pesimismo en el aire y explícitas- tal vez de más- escenas de sexo.

No quisiera contársela, pero de otro modo no me puedo explicar. En resumen, la película narra en tiempo circular, el comienzo y el final de la historia de amor entre Cindy y Dean. Cindy es una joven bastante promiscua, hija de un matrimonio disfuncional, que sueña con ser doctora. Dean, es un romántico empedernido, casi huérfano, cuyo único sueño parece ser formar una familia. Se conocen y su enamoramiento es fugaz. Pero pronto Cindy descubre que está embarazada de su ex. Dean no se aleja, la apoya. Y cuando Cindy se arrepiente de abortar, él no vacila en proponerle que se casen.

Se casan, crían una niña preciosa y luego…a Cindy se le acaba el amor, pide el divorcio, fin de la historia.

Entonces nada queda explícito, todo es “a según”. No puedes afirmar las razones del final, porque no te las dicen, tienes que asumirlas. Y en eso me la he pasado.

“Hmmm…¿cómo así?” Creo que el tipo todavía se ve bien, la trata como a una dama, parece buen padre. Lo que no tiene es muchas aspiraciones, mucho menos un gran trabajo y bebe constantemente aunque no parece afectar su actitud. Pero Cindy está como desencantada de todo.

“Por eso no se pueden tomar decisiones en momentos de desesperación. Casarse por ejemplo”. Dean era desde un principio lo que llaman “un perdedor”; no terminó la escuela, no estaba seguro de lo que quería hacer con su vida, pero era un encanto. Y Cindy, parece la mala de la película. No tiene gran cosa de especial, es una “loca”, en cuanto a hombres; algo fácil. Al ex novio lo usó y lo desechó. Y ahora parecía no tener el menor interés en lograr que su actual matrimonio funcionara.

Y al final no sé. Entre la búsqueda del punto de la película, intento encontrar quién tiene la culpa. Tal vez ella debió de valorar más la manera en la que la trataba su marido. Tal vez él debió poner más empeño en superarse y no quedarse estancado. Tal vez, de plano, no debieron casarse nunca. Tal vez si lo hubieran pensado mejor, se hubieran dado más tiempo en amarse menos y conocerse más, hubieran visto lo que realmente eran y no lo que creían que eran.

Así que al final, no pude juzgar a ninguno. Sentí empatía por ambos, por sus esperanzas frustradas; y me di cuenta de que, si lo piensas bien, como están las cosas, es una historia que le puede pasar a cualquiera.

07 enero 2011

Los santos mueren como santos

Para el cristiano, nada pasa por casualidad. Nada. La mañana del 5 de enero, mientras leía la primera lectura del oficio, una frase de la carta de San Pablo a los Colosenses llamó mi atención. Una frase para otros sin importancia, irrelevante para la verdadera moraleja de la misma carta, pero desde ahora inolvidable para mí:

“Os envío también a Onésimo, fiel y querido hermano, que es de vuestra comunidad” (Colosenses 4,9)

Onésimo es el nombre de mi abuelo, en quién pensé inmediatamente preguntándome si su madre habrá leído esa misma lectura para escoger su nombre. Un nombre que de niña siempre me había parecido tan extraño, y que aún hoy sólo puedo asociarlo a una persona. Y así fue como mi mente fue viajando entre trivialidades sobre el nombre en cuestión, hasta que volví en mi y dediqué una oración por mi abuelo, por sus planes, por su salud...

La madrugada del 6 de enero, el teléfono sonó temprano en la casa. Algo pasaba con mi abuelo, y mis tías, mi tío y mi madre se pondrían en camino hacia Barahona antes de la aurora. Yo no lo presentía, sabía que iba a morir, porque era Día de Reyes y los santos mueren como santos. Por eso abracé a mi mamá y le dije antes de irse: “pídele a los Reyes que lo escolten hacia Dios”.

Entonces se pusieron en camino y yo, antes de volverme a dormir, me puse a hacer los laudes correspondientes al 6 de enero, Día de la Epifanía, haciendo yo misma esa petición.

Y entendí que, en una noche así de oscura, a tres reyes del Oriente se le apareció una estrella que les indicaba que había nacido el niño Dios. Tres reyes paganos, de tres ciudades diferentes que nada tenían que ver con el pueblo hebreo ni sus creencias. Pero a ellos se les ponía de manifiesto el misterio de Dios hecho hombre. Para ellos brillaba la luz de Cristo.

Mi abuelo, Onésimo, no era un religioso entusiasta, no iba mucho a la Iglesia pero es que no le hacía falta. Tenía siempre en su boca una alabanza y palabras justas y veraces para quien las quisiera escuchar. Siempre daba gracias por las cosas buenas y por las malas. Sin quejarse, siempre estaba bien. Con valores firmes, con carácter, con amigos tan jóvenes como sus nietos o canutos como él, pero con todos generoso. Tenía un corazón tan grande, que por eso también su corazón físico se quería salir de su pecho y era un milagro para los médicos que pudiera vivir así. Era un justo que se ajustaba a la voluntad de Dios.

Por eso Dios estaba con él y le hablaba al oído. Por eso ya sabía que su muerte estaba cerca y podíamos presentirlo quienes estábamos a su alrededor. Por eso hasta en su forma de morir Dios cumplió su voluntad de irse “sin tener que postrarse nunca en una cama, sin ser una carga para sus hijos”.
Por eso, la misma estrella que brilló para aquellos reyes gentiles que caminaban en las tinieblas, se convirtió en una gran luz para alumbrar el camino de mi abuelo hacia Dios, escoltado por los Reyes Magos, que vinieron en persona a buscar a un hombre que como ellos llevaba a Dios en su corazón.

Por eso para nosotros no hay “mas lutos, ni llantos, ni pesares”, porque Dios mismo nos concede la certeza de saber que con ellos, el camino es seguro.

Onésimo Alcántara. Esposo, padre y abuelo ejemplar.

10 noviembre 2010

Eat Pray Love- Movie



Vi la película que un amigo mío cataloga como feminista, egoísta y muchas cosas más que me explicó con serios argumentos, pero que tendrá que explicarlos él más detalladamente en su propio blog. Éste es el mío.
 
La verdad hay que decirla, desde el punto de vista técnico me pareció mala y un poco aburrida, como con una edición rara y con baches, que impiden estar seguros del orden lógico de las cosas. Algo así como incompleta. Afortunadamente, mi amiga junto a mí, había leído el libro para responder a mis preguntas.
 
Pero también tengo que decir que me gustó, una cuestión de fondo, no de forma. (Eso sí, es una película estrictamente para ver entre amigas, un hombre sólo debe verla para complacer a una novia o a una muy buena amiga. O para armar una discusión después. O para decirte lo diferente que es Italia de cómo la presentan en la película. –Ejemplos personales-Son sólo algunas observaciones :-P).
 
La conclusión es que me quedé con sentimientos encontrados. Por una parte, me sentí inmensamente afortunada de que no he tenido la necesidad en mi vida de llenar el piso de mocos y llanto, para luego tener ganas de largarme a Italia, India y Bali, para descubrir que comer, rezar y amar es lo mejor del mundo y son claves seguras para una vida placentera.
 
Díganmelo a mí que puedo durar 10 minutos bebiéndome un vaso de batida de zapote, lamiéndome los labios mil veces y desesperando a mi papá, que no concibe como puedo durar tanto tiempo para terminar un simple desayuno.
-“Es que ustedes no disfrutan las cosas, papi. Aprendan de mí, que hay que cogerlo suave”.
 
El asunto es que como, rezo y amo, con intervalos de intensidad, sin haber tenido que descubrir los poderes pacificadores de ejecutar esos verbos, después de un acontecimiento fatalista. –Gracias a Dios por eso.
 
Por otro lado, tengo que admitir que encontrar ese balance me hace sentir muy cómoda. Y me aterran las situaciones que creo que puedan romperlo, por eso tengo que pensar tanto las cosas antes de asumir un cambio, y admiro el valor de Liz que “soltó todo en banda y le dio pa’llá”- se volvió loca, diría yo-, como un turco que se mude a California, como un cadete dominicano que le coja con irse para China o como la misma Shakira que le ha cogido con grabar mambo. (Más ejemplos personales). Para mí, Liz simplemente se volvió loca.
 
Pero a algunas personas les funciona y lo hacen constantemente, alternando entre el éxito y el fracaso. A otros les toca sólo una vez, radicalmente, y les resulta todo un éxito. Otros tenemos que esperar que Dios nos de un empujón tan grande que no deje ninguna otra alternativa que lanzarse.
 
Ahora estoy leyendo el libro, a ver si me perdí de algo. Ya les contaré qué tal.

PD: Mis frases favoritas: “Send him love whenever you think of him, then drop it”. “Sometimes you need to lose balance for love in order to live a balanced life”.

07 noviembre 2010

Cuando la muerte se hace intermitente



Cómo ya contaba yo en mi último momento de ocio, estaba leyendo Las Intermitencias de la Muerte, nuevamente de José Saramago. Lo acabo de terminar y estoy tan atónita, perpleja, confundida y sorprendida ante el impredecible final, que en lugar de iniciar el libro que le sigue aguardando en mi mesita de noche, decidí acostarme para no interrumpir la meditación en mi cabeza. No sin antes escribir este post.

Ya lo había dicho, Saramago me parece brillante. El hombre escribe de una manera tan propia, tan irónicamente divertida, tan formal y casual a la vez, que lo considero simplemente genial.

No obstante, tiene ciertos problemas con los finales. Y el de este libro me ha dejado un poco en shock, un shock que no logro todavía distinguir si es por bueno o por malo.

Pareciera que Saramago escribió el libro en momentos totalmente diferentes, primero con una idea, luego con otra y después con otra. Al principio, el principal problema era que la gente de repente no se moría. Un planteamiento muy interesante sobre todo para aquellas personas que todavía no terminan de entender porqué la gente se tiene que morir. Pues la gente se tiene que morir para no alterar el orden natural de las cosas, para que los hospitales, asilos, funerarias, compañías de seguro, iglesias, la filosofía, el suelo y la vida misma mantengan su equilibrio.

Luego el problema, es que la muerte decide regresar a sus labores, siendo un poco más considerada con sus víctimas y enviándole cartas avisándoles con antelación del poco tiempo que les queda de vida para que puedan “poner sus cosas en orden”. Algo que le pareció muy lógico y digno, sobre todo para un ser cuyo modus operandi siempre ha sido menospreciado.

De repente, el problema ahora es que hay un hombre al que no puede enviarle su correspondiente carta. Y convencida de averiguar en persona, o mejor dicho hecha persona, la situación que se lo impide, termina en un impredecible final en el que no está muy claro si se enamoró del tipo o se le complicó la existencia.

Algunos dirán que para los fines es lo mismo, enamorarse y complicársele la existencia, pero lo que me gustaría saber es cuál es la intención en la cabeza de Saramago. Porque al final, el libro termina como comienza y yo me quedé con una gran laguna mental al no saber si lo entendí o no.

De que es bueno, es bueno. Pero el cambio de un problema central a otro, hace confuso su verdadero sentido. Busqué algunas reseñas en Internet, pero en la mayoría se nota que sus autores no se molestaron en descubrir el final. Un bloggero llamado Iván Fernández Balbuena (Memorias de un Friki), lo describe como un “libro de pésima estructura narrativa”, por sus “callejones sin salida”, pero lo que tal vez él no ha entendido es que, como autor, Saramago deja claro que puede hacer lo que quiera e inventarse las situaciones que quiera sin necesidad de explicarse, pues para eso es escritor, para manejar los mundos imaginarios a su antojo.
 
En fin, no encuentro nada ni nadie con quien compartir mi pensar del libro. Mi conclusión, es que Saramago sí tuvo razones para escribir una novela tan confusa, razones que sólo él conoce pues nadie pudo aprovecharlo en vida para sacarle la información.

Tal vez en su cabeza rondaban las tres situaciones en el ocaso de su vida, y como en su cabeza surgieron los planteamientos al mismo tiempo, decidió conjugarlos al mismo tiempo en el mismo libro: qué será de la vida de la muerte, no sabemos nada de ella, y si se cansara de trabajar, y si de repente nos llega, y si se hiciera nuestra amiga, y si se nos apareciera, y si me estuviera viendo ahora mismo sosteniendo en la mano el registro que le dice que hoy no me toca morir, y si me toca mañana, y si alguien puede desafiar a la muerte, cómo podría hacerlo, y si la muerte de repente se enamora, que también tiene derecho…

¿Y si lo único que puede tener poder sobre la muerte es el amor?
("Que es fuerte el amor como la muerte", Cantar de los Cantares 8, 6)

Si lo leen. Me cuentan.




19 octubre 2010

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Que José Saramago haya muerto el pasado junio, complica un poco la posibilidad de que yo pueda hacerle una entrevista. A menos que, como en alguna de sus historias, me inventara con elocuencia sus imaginarias respuestas. Ya veremos...

Resulta que lo estoy leyendo otra vez, ahora con "Las intermitencias de la muerte", pero de eso hablaremos más tarde.

Ahora, estoy en un necesario momento de ocio. Interrumpiendo la edición de una entrevista a un profesional muy buen mozo pero tan aburrido que eclipsa su "buenmozura".

Antes de morir del aburrimiento, a mi inquieta mente se le ocurrió completar una de esas tareas que a veces se le ocurren, pero siempre "para después". Ahora es después. La misión: leer la biografía de Saramago. Y en ese proceso estaba cuando me puse a pensar que como él, muchísimas personas del pasado siglo nacieron en las épocas más precarias que los jóvenes burgueses que somos ahora pudiéramos imaginar.

Sin recursos económicos, en medio de períodos de guerra, sin un espacio propio porque su infancia transcurría entre casas comunes y la casa de sus abuelos, sin muchas posibilidades de estudiar, pero con una oportunidad que le dio el destino de trabajar en algo que nada tenía que ver con su futuro, pero que sorpresivamente lo conectaría a su profesión como literato.

Hoy tenemos tantos recursos, tantas posibilidades de hacer lo que queremos, bien enfocados en eso, con comida y agua caliente, metros y Omsas que nos lleven y universidades que maldecir, entre otras cosas; que debería haber tantos personajes mundialmente trascendentales que no cupieran en los escritos de los diarios. Digo, de esos basados en sus ideas, por supuesto, porque personajes que trascienden gracias a los más absurdos reality shows, hay de sobra.

En fin, es sólo un pensamiento al aire, que como ya expliqué más arriba, se deriva de una anterior serie de pensamientos reprimidos, que ha encontrado su libertad en este necesario momento de ocio.

"Momentos de ocio son necesarios para la creatividad" o algo así, dice una canción de Cultura Profética.

03 octubre 2010

Judit y Ester

A quienes no conocen la bíblica historia de las mujeres a las cuales me voy a referir, les pido disculpas, pues es muy probable que no lleguen a entender el trasfondo de este post.
El caso es que, mientras a Ester le toca casarse con el "papaupa" del pueblo enemigo y ser reina de Persia, a Judit le toca nada más y nada menos que cortarle la cabeza al pagano. ¿Y por qué a una sí y a otra no? Sabrá Dios. A Ester se lo dice Mardoqueo, su tutor, "Quién sabe si para un tiempo como éste has llegado a ser reina" (Est 4,14); es decir, que ella había llegado a estar en esa posición, no por su belleza o encanto, sino para que en determinado momento le tocara defender al pueblo de Israel, al cual pertenecía.
Sin embargo, Judit, no se gana el favor de Holofernes para cambiar su decisión con sus atributos, sino que más bien lo engatuza hasta encontrar el momento oportuno para acabar con su vida y evitar así que destruyera al pueblo.
Ambas son mujeres importantes en la historia bíblica, pero ambas tienen dos desenlaces muy diferentes. Hay que ver una cosa, que recalca Judit al final de su historia, cuando dice: "no cometió conmigo ningún pecado que me deshonrara" (Jdt 13, 16). Tanto Ester, como Judit, saben que en el momento decisivo, invocar a Dios era lo más importante, por encima de sus miedos y confusiones. Y así lo hicieron. Y no sólo eso, también fueron fieles a las enseñanzas con las que habían crecido, sin permitir que las costumbres de tales pueblos mancharan su honor.
Si me tocará a mí mostrarle a Dios al pagano o simplemente cortarle la cabeza, aún no lo sé. Bien es cierto que es mejor encontrarlo en tu propia parentela, pero también es cierto que en esta "viña del Señor" se juntan blancos y cimarrones, porque hay de todo, y casarse con un "cristiano" no es garantía.
Sin embargo, tanto de una cosa como de la otra se aprende y, en este caso, las moralejas son dos. Primero que, como ya bien he aprendido, el discernimiento y los demás dones se piden con verdaderas ganas de recibirlos, y no esperando responderse a uno mismo cuando se sabe que hay una respuesta que es de Dios. Y segundo, que ante todo hay que defender la fe y poner la luz sobre el candelero. Cuando las cosas se iluminan, las sombras se alejan, al que no le cuadre el hecho de que yo sea cristiana, bien puede devolverse por donde vino.
Al final, "todo pasa, hasta la ciruela pasa" y sólo Dios sabe "si para un tiempo determindado te ha puesto Dios ante tal situación". Cuando el asunto todavía está confuso, lo importante es mantenerse firme en defender a Dios y rezar para sustentar esa firmeza. Que lo que ha de ser será y lo que no, se esfumará.

"El que tenga oídos para oir, que oiga".